Salud emocional en el embarazo

Tu bienestar emocional es tan importante como el fisico. Aquí encontraras información sobre los cambios emocionales del embarazo y cuando buscar ayuda.

Si un día lloras viendo un anuncio de televisión y al rato te sientes eufórica, no estás exagerando: hay una explicación biológica. Durante el embarazo, los niveles de estrógenos y progesterona se multiplican de forma espectacular. Estas hormonas influyen directamente en los neurotransmisores que regulan tu estado de ánimo, como la serotonina. El resultado es una montaña rusa emocional que puede ser desconcertante pero que es completamente normal.

Date permiso para sentir sin juzgarte. Llorar no significa que seas débil ni que algo vaya mal.

Intenta identificar qué desencadena tus momentos más difíciles: cansancio, hambre y falta de sueño amplifican todo.

Habla con tu pareja, una amiga o familiar de confianza. Poner palabras a lo que sientes ayuda a procesarlo.

El ejercicio suave (un paseo de 20 minutos) puede mejorar tu ánimo de forma casi inmediata gracias a las endorfinas.

Es muy habitual preocuparse por si el bebé estará bien. Cada ecografía, cada analítica, cada día que no notas movimiento puede despertar un nudo en el estómago. Esta preocupación tiene sentido: tu cerebro está programado para proteger a tu cría, y eso incluye anticipar peligros. El problema aparece cuando la preocupación se convierte en un estado constante que no te deja disfrutar ni descansar.

Limita la cantidad de información que consumes. Buscar síntomas en internet a las tres de la madrugada rara vez tranquiliza.

Apunta tus preocupaciones para comentarlas en la próxima visita con tu matrona o ginecólogo.

Técnicas de respiración: inhala contando hasta 4, mantén contando hasta 4, exhala contando hasta 6. Repite 5 veces.

Si la ansiedad te impide dormir, comer o funcionar con normalidad, es momento de pedir ayuda profesional.

Sentir cierto temor ante el parto es universal y comprensible. Pero cuando ese miedo es tan intenso que te provoca angustia, pesadillas, evitación de todo lo relacionado con el parto o incluso deseo de no continuar con el embarazo, estamos hablando de tocofobia. Puede afectar tanto a madres primerizas (tocofobia primaria) como a mujeres que tuvieron una experiencia de parto traumática previa (tocofobia secundaria). Es un problema reconocido y tratable.

Hablar sobre tu miedo es el primer paso. No tienes que disimular ni avergonzarte.

Pide una cita con tu matrona para hablar específicamente sobre tus miedos. Pueden elaborar juntas un plan de parto que te dé sensación de control.

Informarte sobre el proceso del parto con fuentes fiables (no relatos de terror) puede ayudar a reducir el miedo a lo desconocido.

La terapia psicológica, especialmente la terapia cognitivo-conductual, es muy eficaz para la tocofobia.

Técnicas de hipnoparto o mindfulness pueden ayudarte a gestionar la ansiedad asociada.

El vínculo con tu bebé no empieza en el momento del nacimiento: se va construyendo poco a poco durante los meses de embarazo. A partir de las semanas 18-22, cuando empiezas a notar sus movimientos, esa conexión se vuelve más tangible. Pero si no sientes una conexión inmediata, no pasa nada. Cada mujer tiene su propio ritmo y eso no dice nada sobre qué tipo de madre serás.

Háblale a tu bebé. A partir de la semana 24-26 puede oír tu voz, y se acostumbrará a ella.

Ponle música suave o cántale. No importa si desafinas: tu voz es su sonido favorito.

Cuando notes sus movimientos, pon la mano en la barriga y respóndele. Es vuestro primer diálogo.

Tu pareja también puede crear vínculo hablándole o leyéndole cuentos a la barriga.

Si escribir te ayuda a procesar, un diario breve dirigido al bebé puede ser muy bonito.

Aunque esto ocurre después del parto, es importante saberlo durante el embarazo para poder reconocerlo a tiempo. El baby blues afecta hasta al 80% de las madres en los primeros días tras el parto: llanto fácil, irritabilidad, sensación de agobio. Es pasajero y se resuelve solo en 1-2 semanas. La depresión posparto es diferente: es más intensa, dura más y requiere atención profesional. Puede aparecer hasta un año después del parto e incluye tristeza profunda, falta de interés por el bebé, pensamientos negativos persistentes, insomnio severo y dificultad para funcionar.

Tener antecedentes de depresión o ansiedad aumenta el riesgo. Coméntalo con tu profesional de salud para tener un plan preventivo.

Organiza tu red de apoyo antes del parto: quién te ayudará las primeras semanas, quién puedes llamar a las 3 de la mañana.

Si tras el parto sientes que algo no va bien durante más de dos semanas, pide ayuda. No es debilidad, es inteligencia.

La depresión posparto también puede afectar a la pareja. Estad atentos mutuamente.

Pedir ayuda no es un fracaso, es un acto de cuidado hacia ti y hacia tu bebé. Tu bienestar emocional afecta directamente a tu salud física y a la del embarazo. Los profesionales que pueden ayudarte incluyen: tu matrona (primer recurso y enlace con otros profesionales), psicólogas perinatales (especializadas en embarazo y posparto), tu médico de cabecera y, en casos más severos, un psiquiatra que conozca los tratamientos compatibles con el embarazo.

Busca ayuda si: llevas más de dos semanas sintiéndote triste la mayor parte del día.

Busca ayuda si: la ansiedad te impide dormir, comer o realizar actividades normales.

Busca ayuda si: tienes pensamientos de hacerte daño o de que tu bebé estaría mejor sin ti.

Busca ayuda si: has perdido el interés en cosas que antes te gustaban y te sientes desconectada de todo.

Busca ayuda si: usas alcohol u otras sustancias para gestionar cómo te sientes.

En caso de urgencia, llama al teléfono de atención a la conducta suicida: 024 (España).

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