Alivio de síntomas comunes del embarazo

Remedios prácticos para las molestias más frecuentes del embarazo: qué son, por qué ocurren y qué puedes hacer para sentirte mejor.

Afectan a entre el 70 y el 80% de las embarazadas, sobre todo en el primer trimestre. Se llaman populamente 'náuseas matutinas', pero pueden aparecer a cualquier hora. Se deben al aumento rápido de la hormona hCG y a los estrógenos, que sensibilizan el estómago y el centro del vómito en el cerebro. Suelen mejorar hacia la semana 14-16.

Come poco y a menudo: 5-6 pequeñas comidas al día en vez de 3 grandes. El estómago vacío empeora las náuseas.

Ten galletas saladas o tostadas en la mesilla y come algo antes de levantarte de la cama.

El jengibre es un antiemético natural: prueba infusión de jengibre fresco, galletas de jengibre o caramelos de jengibre.

Evita olores que te provoquen náuseas. Come alimentos fríos o a temperatura ambiente si los olores calientes te afectan.

Las pulseras de acupresión en el punto P6 (muñeca) ayudan a algunas mujeres.

Bebé agua a pequeños sorbos entre comidas, no durante las comidas.

Si vomitas más de 3-4 veces al día, no retienes líquidos o pierdes peso, consulta con tu médico: podría ser hiperémesis gravídica.

Es especialmente común en el segundo y tercer trimestre. La progesterona relaja el esfínter entre el esófago y el estómago, permitiendo que el ácido suba. Además, el útero en crecimiento presiona el estómago hacia arriba, empeorando el reflujo.

Come porciones pequeñas y mastica despacio.

Evita acostarte justo después de comer. Espera al menos 2 horas.

Duerme con la cabecera ligeramente elevada (una almohada extra o cuñas bajo el colchón).

Evita alimentos que empeoran la acidez: picante, cítricos, tomate, chocolate, café, bebidas con gas.

La leche fría o un yogur natural pueden aliviar momentáneamente.

Si los antiácidos de farmacia son necesarios, consulta cuáles son seguros durante el embarazo. Los que contienen magnesio o calcio suelen estar indicados.

Afecta hasta al 40% de las embarazadas. La progesterona ralentiza el movimiento del intestino, los suplementos de hierro pueden empeorar el problema y el útero creciente presiona el recto. El resultado: heces duras, menos frecuentes y esfuerzo al evacuar.

Bebé al menos 1,5-2 litros de agua al día. La hidratación es clave.

Aumenta la fibra gradualmente: frutas (ciruelas, kiwis, naranjas), verduras, legumbres, cereales integrales.

Las ciruelas pasas son un clásico por algo: 4-5 ciruelas pasas o un vaso de zumo de ciruela al día puede hacer maravillas.

Muévete. El ejercicio suave (caminar 20-30 minutos) estimula el tránsito intestinal.

Intenta ir al baño siempre a la misma hora, preferiblemente después del desayuno, cuando el reflejo gastrocólico es más activo.

Si el hierro te estriñe mucho, habla con tu médico sobre fórmulas de hierro más suaves o bisglicinate de hierro.

No tomes laxantes sin consultar. Algunos no son seguros en el embarazo.

Son venas inflamadas en la zona del recto y el año. Son muy comunes, especialmente en el tercer trimestre, debido a la presión del útero sobre las venas pélvicas, el estreñimiento y el aumento del volumen sanguíneo. Pueden picar, doler y sangrar ligeramente al defecar.

Evita el estreñimiento (ver sección anterior): es la mejor prevención.

No hagas fuerza excesiva al evacuar. Si no sale, levántate y vuelve a intentarlo después.

Baños de asiento con agua tibia (no caliente) durante 10-15 minutos alivian mucho.

Aplica frío local con una compresa fría envuelta en un paño.

Usa papel higiénico húmedo o toallitas sin alcohol ni perfume.

No estés sentada mucho rato seguido. Levántate y camina cada hora.

Consulta con tu farmacéutico o médico sobre cremas tópicas seguras en el embarazo.

Las varices son venas dilatadas y retorcidas que aparecen sobre todo en las piernas, aunque pueden salir en la vulva. La progesterona relaja las paredes venosas, el volumen de sangre aumenta un 40-50% durante el embarazo y el útero presiona las venas del retorno venoso. Si tu madre o abuela tuvieron varices, tienes más probabilidad.

Usa medias de compresión graduada. Póntelas antes de levantarte por la mañana, cuando las piernas están menos hinchadas.

Evita estar de pie o sentada en la misma posición mucho rato. Alterna y muévete.

Cuando estés sentada, eleva las piernas siempre que puedas.

Duerme con los pies ligeramente más altos que el corazón (un cojín bajo el colchón a la altura de los pies).

Caminar y nadar mejoran la circulación de retorno.

Evita cruzar las piernas al sentarte.

Las duchas de agua fría en las piernas de abajo a arriba activan la circulación.

El dolor de espalda afecta a la mayoría de embarazadas, especialmente a partir del segundo trimestre. El peso extra de la barriga desplaza tu centro de gravedad hacia delante, obligando a tu espalda a compensar. La ciática (dolor que baja por el glúteo y la pierna) puede aparecer cuando el útero presiona el nervio ciático.

Cuida tu postura: imagina un hilo que tira de tu coronilla hacia arriba. Hombros atrás y abajo.

Usa calzado de tacón bajo (2-3 cm), ni plano del todo ni tacón alto.

Al levantarte de la cama, gira primero de lado, baja las piernas y empújate con los brazos. No te incorpores de golpe.

Aplica calor local en la zona lumbar: una bolsa de agua caliente o una manta eléctrica a baja temperatura.

La pelota de pilates (fitball) puede aliviar: siéntate y haz círculos suaves con la cadera.

Un cinturón de sujeción pélvica puede ayudar a partir del tercer trimestre.

La fisioterapia y la osteopatía son opciones seguras y eficaces. Busca profesionales especializados en embarazadas.

Son contracciones musculares involuntarias, dolorosas y repentinas, sobre todo en las pantorrillas. Ocurren con más frecuencia por la noche y en el segundo y tercer trimestre. Se cree que están relacionados con la presión del útero sobre los nervios, la fatiga muscular y posibles déficits de magnesio o calcio.

Si te da un calambre: estira la pierna y flexiona el pie hacia arriba (dedos hacia la espinilla). El calambre cederá en segundos.

Masajea el músculo suavemente después del calambre.

Estira las pantorrillas antes de acostarte: apoya las manos en la pared y estira una pierna hacia atrás con el talón pegado al suelo.

Bebé suficiente agua durante el día.

Alimentos ricos en magnesio: plátanos, frutos secos, aguacate, chocolate negro, legumbres.

Tu médico puede recomendarte un suplemento de magnesio si los calambres son muy frecuentes.

Hormigueo, entumecimiento o dolor en las manos, sobre todo en los dedos pulgar, índice y corazón. Ocurre porque la retención de líquidos del embarazo comprime el nervio mediano que pasa por la muñeca. Es más común en el tercer trimestre y suele desaparecer después del parto.

Usa una férula de muñeca por la noche para mantener la mano en posición neutra.

Sacude las manos suavemente cuando notes hormigueo.

Evita movimientos repetitivos de muñeca (escribir mucho en el ordenador sin pausas).

Eleva las manos cuando puedas.

Aplica frío en la muñeca cuando esté más molesta.

Si es severo e interfiere con tu vida diaria, consulta con tu médico.

Dormir mal durante el embarazo es extremadamente común, especialmente en el primer y tercer trimestre. Las causas son múltiples: necesidad de orinar frecuentemente, dificultad para encontrar posición, acidez, ansiedad, movimientos del bebé, dolor de espalda y las propias hormonas.

Establece una rutina de sueño: misma hora de acostar, actividades relajantes previas (ducha tibia, lectura, meditación).

Evita pantallas (móvil, tablet, televisión) al menos 30 minutos antes de dormir.

Cena ligero y al menos 2 horas antes de acostarte.

Reduce líquidos a partir de las 18-19h para disminuir las visitas nocturnas al baño.

Infusiones permitidas: manzanilla, tila, melisa. Evita valeriana sin consultar.

Si no puedes dormir después de 20 minutos, levántate, haz algo tranquilo y vuelve cuando tengas sueño.

Más información en la sección específica de Sueño en el embarazo.

Los dolores de cabeza son frecuentes, sobre todo en el primer trimestre, debido a los cambios hormonales, el aumento del volumen sanguíneo, el estrés, la fatiga y la deshidratación. Suelen mejorar en el segundo trimestre. En la mayoría de los casos son tensionales y benignos.

Descansa en una habitación oscura y silenciosa.

Aplica frío en la frente o la nuca con un paño húmedo.

Bebé agua: la deshidratación es una causa frecuente de dolor de cabeza.

Come regularmente. El ayuno prolongado puede desencadenar cefaleas.

Si necesitas analgésicos, el paracetamol es el más seguro durante el embarazo. Evita ibuprofeno y aspirina salvo indicación médica.

Consulta urgentemente si: el dolor es muy intenso y repentino, se acompaña de visión borrosa, hinchazón en cara o manos, o aparece en el tercer trimestre. Podría ser un signo de preeclampsia.

La nariz tapada sin estar resfriada es un síntoma sorprendente pero muy común, llamado rinitis del embarazo. Afecta a entre el 20 y el 30% de las embarazadas. Los estrógenos aumentan el flujo sanguíneo a las mucosas nasales, que se hinchan y producen más moco.

Lavados nasales con suero fisiológico o agua de mar: seguros y eficaces.

Usa un humidificador en el dormitorio, especialmente en invierno con calefacción.

Duerme con la cabeza algo más elevada.

Las tiras nasales adhesivas pueden ayudarte a respirar mejor por la noche.

Evita vasoconstrictores nasales (tipo Respibien) salvo que tu médico lo autorice específicamente.

La progesterona relaja la musculatura del intestino, lo que enlentece la digestión y favorece la acumulación de gases. El resultado: hinchazón abdominal, eructos y flatulencias. Es incómodo y a veces embarazoso, pero es completamente normal y afecta a la gran mayoría de embarazadas.

Come despacio y mastica bien. Tragar aire al comer rápido aumenta los gases.

Evita bebidas con gas, chicles y caramelos (al chuparlos tragas aire).

Identifica los alimentos que más te producen gases y redúcelos: coliflor, brócoli, judías, cebolla cruda, pimientos.

Caminar después de las comidas favorece el movimiento intestinal.

Infusión de hinojo, anís o menta después de comer puede aliviar.

Ropa cómoda y holgada en la cintura. La presión sobre el abdomen empeora la sensación de hinchazón.

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