Semana 30 de embarazo
Tu bebé mide como un repollo grande
Tu bebé esta semana
Tu bebé ya tiene pestañas y cejas bien definidas, y abre y cierra los ojos con curiosidad. Su médula ósea ha tomado el control total de la producción de glóbulos rojos, un paso muy importante en su desarrollo. La piel se va alisando y suavizando a medida que acumula grasa blanca debajo, esa capa que le ayudará a regular la temperatura cuando nazca. También práctica la respiración de forma rítmica con el diafragma, como si ensayara para su primer respiro fuera del útero.
Tu cuerpo
Puede que notes que tu ombligo sobresale más de lo habitual, algo completamente normal que se resuelve después del parto. La hinchazón en pies y tobillos es muy frecuente, especialmente al final del día, por la retención de líquidos y el peso extra que cargas. Algo que quizá no sabías: tus ligamentos y articulaciones están más laxos gracias a la hormona relaxina, que prepara tu cuerpo para el parto. Por eso puedes sentirte un poco más torpe de lo habitual.
Síntomas frecuentes
Consejos prácticos
Eleva los pies siempre que puedas para reducir la hinchazón
Usa una almohada entre las rodillas para dormir más cómoda
Es buen momento para investigar clases de preparación al parto si aún no lo has hecho
Tranquila, es normal
Las contracciones de Braxton Hicks son como un ensayo general de tu útero: notas que la barriga se pone dura unos segundos y luego se relaja. Son irregulares y no duelen mucho. Si cambias de postura o descansas un poco, suelen parar. Si se vuelven regulares, cada vez más fuertes o frecuentes, contacta con tu matrona.
Tema de la semana
Ciática, dolor de espalda y suelo pélvico
Si el dolor de espalda se ha convertido en tu compañero inseparable estas semanas, no estás sola. En el tercer trimestre confluyen tres factores: el peso extra de la barriga desplaza tu centro de gravedad hacia delante, tu postura se modifica para compensar, y la hormona relaxina afloija los ligamentos de la pelvis preparándote para el parto. El resultado es que tu espalda baja carga con un trabajo extra enorme. La ciática —ese dolor que baja desde la nalga por detrás de la pierna— aparece cuando el útero o el bebé presionan el nervio ciático, y puede ser bastante molesta. La buena noticia es que hay ejercicios que ayudan mucho. El gato-vaca (a cuatro patas, arquear y redondear la espalda suavemente) alivia la presión lumbar de forma casi inmediata. La natación es fantástica porque el agua soporta tu peso y descarga la espalda. Los estiramientos suaves de piriforme (tumbada boca arriba, cruzar el tobillo sobre la rodilla contraria y tirar) pueden calmar la ciática. Y los ejercicios de Kegel son imprescindibles: fortalecen el suelo pélvico, que soporta el peso del bebé, el útero y la vejiga. Para hacerlos bien, imagina que intentas cortar el chorro de orina: contrae 5 segundos, relaja 5 segundos, repite 10 veces, 3 series al día. A partir de la semana 34 puedes empezar también el masaje perineal, que ayuda a elastificar la zona y reduce el riesgo de desgarros durante el parto. Se hace con aceite (de rosa mosqueta o almendras), insertando los pulgares unos 3 centímetros y presionando hacia abajo y hacia los lados durante 5-10 minutos, 2-3 veces por semana. Si el dolor de espalda o la ciática no mejoran con estos ejercicios o te limitan mucho en el día a día, pide a tu matrona que te derive a un fisioterapeuta especializado en embarazo.
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